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Detener la caza de 20.000 delfines en JapónCada año, desde el primero de octubre al 31 de marzo, mueren unos 20.000 delfines y pequeños cetáceos a lo largo de la costa de Japón. Esta práctica sobrevive principalmente en los pueblos costeros de Taiji, en el oeste del país, y en Futo, a 62 millas al suroeste de Tokio. Mueren a manos de los pescadores locales que en nombre de la tradición capturan a estos animales de una forma muy cruel. Así, primero se valen de barras de metal con las que golpean fuertemente el agua creando una especie de barrera acústica, que dirige a los animales, sobre todo delfines mulares, hacia calas poco profundas. Ahí los delfines son despachados de una manera brutal: les atacan con cuchillos, puñales, anzuelos y arpones, las aguas se tiñen de rojo, y luego son levantados en el aire por la cola y, finalmente, destripados vivos.
Tanta crueldad ha sido denunciada por una coalición de científicos marinos y trabajadores de acuarios de Estados Unidos, que piden a las autoridades niponas que terminen con estos «rodeos» de delfines. Prácticas inhumanas, dicen, que tienen como objetivo una especie inteligente y consciente de su propia existencia.
La coalición está intentando reunir un millón de firmas para presentarlas al Gobierno de Japón. «Están sufriendo una muerte larga, lenta, dolorosa y atroz», dijo Paul Boyle, anterior director del Acuario de Nueva York y actual jefe del Proyecto Océano, el nombre de esta coalición que está ayudando a coordinar los esfuerzos para acabar con estas muertes.
Práctica ancestral
Pero los japoneses replican que se trata de una práctica cultural ancestral y una tradición comercial. Takumi Fukuda, agregado de Pesca en la embajada nipona en Washington, explicó que los pescadores han intentado acelerar la muerte de los delfines para atenuar su sufrimiento y al mismo tiempo mantener la calidad de su carne. Pero no es posible aliviar totalmente la crueldad. Deberíamos entender que todas las escenas de muertes de animales contienen cierta crueldad».
Unas palabras que no han servido para frenar la campaña «Actúa por los delfines», en la que los científicos destacan la inteligencia de estos animales, su agudo sentido de su propia existencia y una función cognitiva que es similar a la de los monos. «Ellos tienen el intelecto para entender lo que está pasando», dice Lori Marino, de la universidad de Emory en Atlanta. Y Paul Boyle añade que «no es suficiente excusa que los delfines compitan con los pescadores por los peces para matarlos de esta forma».
Un gran negocio
Aunque a algunos se les perdona la vida y acaban en acuarios, la gran mayoría terminan, muchas veces enmascarada como carne de ballena, en los mercados y restaurantes, un gran negocio en Japón. Pero para añadir aún más controversia algunos hablan de que a los japoneses no les gusta esta carne y que su destino es ser utilizada como comida para animales domésticos y fertilizantes, con su carne distribuida por toda Asia, dice Marino.
Además, desde «Sea Shepherd Conservation Society», que desde 1981 viene luchando contra estas prácticas, se asegura que esta carne está contaminada con mercurio, cadmio, DDT y PCB. Según sus datos, en 1999 los científicos encontraron estas sustancias en muestras de carne de delfines y pequeñas ballenas. Más del 91% de las muestras excedían los límites tolerables para la salud para una o más sustancias.
Cruzalo.com apertura un foro para intervenir y dar vuestras opiniones sobre este crimen contra la naturaleza.
Fuente:ABC.ES
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