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Cada vez son más los animales "creados" por la mano del hombre

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Cada vez son más los animales "creados" por la mano del hombre


Esta historia comenzó hace más o menos unos 20 años. Y marcó el comienzo de lo que hoy se conoce como "transgénico", esa posibilidad de colocar alguno de los genes de una especie en otra. Una palabra que sus defensores toman como sinónimo de progreso, porque evalúan como positivos los resultados que ha dado en ganadería y agricultura, sólo por citar un par de campos en donde se puede aplicar. Sus detractores, en cambio, hacen foco sobre sus consecuencias a largo plazo, porque —dicen— todavía no se sabe si sus "productos" serán inocuos o podrían resultar riesgosos.

Sea como fuere, sus efectos están cada vez más presentes. En las últimas semanas aparecieron en escena dos animales impactantes. Un chancho fluorescente, que fue creado para intentar un nuevo camino en células madre (y buscar una cura para el Alzheimer, por ejemplo) y una gallina que pone huevos que no son de oro pero casi, porque tienen en su clara un fármaco para tratar melanomas malignos.

Según registros mundiales de organizaciones bioéticas, ya existen varios animales modificados y algunos de ellos son hasta "fantásticos". Cuenta la leyenda que en la década del 90 se "fabricó" una auténtica quimera, la ovecabra, mitad oveja y mitad cabra. La tentación fue grande: de ella se podía obtener leche de cabra y lana de oveja al mismo tiempo. Pero parece que no fue una simple leyenda: existió. "Ese animal nació por fusión de embriones y no es estrictamente transgénico sino una quimera. Se hizo con fines experimentales y no se ha vuelto a repetir", confirma Lino Barañao, experto en biotecnología y presidente de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

Para entender cómo se aplica esta tecnología que abre nuevos caminos hay que saber primero que en los seres vivos que se reproducen sexualmente (hombres y mujeres, entre ellos) su descendencia nace por "transmisión genética vertical". Una forma académica para definir ese instinto ancestral de tener hijos y transmitirles los genes del padre y de la madre. Lo que hicieron hace unas dos décadas y en un laboratorio, fue tomar un ratón y hacerle una transferencia de genes en un huevo o cigoto que se obtuvo por fecundación in vitro. Es decir, una "transmisión genética horizontal o transgénesis". Su descendencia, entonces, fue transgénica. Así nació la posibilidad de crear cada vez más animales "nuevos" en el laboratorio.

Los primeros experimentos avanzaron sobre ratones. Pequeños, "maleables", se sabe que son los más usados por los científicos. Pero hay más ejemplos: ratas, gatos, conejos, vacas, cerdos, monos, ovejas, cabras, codornices y varios peces, entre ellos, salmón, trucha, carpa y pez gato. Según Barañao, ya son entre 15 y 20 las especies que recibieron el gen de otra.

El chancho fosforescente nació en China a poco de empezar 2007, año del chancho precisamente, vaya paradoja, coincidencia o premeditación. Para fabricarlo usaron un gen de medusa. Crearon varios embriones con esa información genética incorporada y de ellos nacieron 3 cerditos con el hocico, el contorno de ojos, la lengua y las pezuñas, en tonos flúo. Lo mismo hicieron años atrás: un conejo en 2000 y hasta con un mono en 2001.

La gallina cacareó por primera vez en el Instituto Roslin, de Edimbugo, Escocia, el mismo que hace unos años creó a la famosa oveja clonada Dolly. A Helen Sang, la científica que dirigió este proyecto, le llevó 15 años desarrollar a estas gallinas raras, que en realidad hoy son casi 500 y abarcan 5 generaciones. Esta gallina sigue el camino de otros animales creados con fines loables: convertirlos en usinas de fármacos. Mamíferos como la cabra o la oveja ya dan leche que contiene proteínas especiales. En la Argentina también existe un emprendimiento similar (ver En la...).

La galería de animales raros parece interminable. Hay gatos que no producen alergia a sus dueños y conejos que —mediante entrecruzamientos— pesan más de 10 kilos y podrían ayudar a paliar el problema del hambre en algunas regiones del mundo.

¿Pero se puede avanzar alegremente en todo esto? Para los especialistas en bioética —que dicho sea de paso controlan estos proyectos y sus alcances— a veces conviene parar la pelota. María Luisa Pfeiffer, de la cátedra de Bioética de la UBA y de la Asociación Argentina de Investigaciones Eticas, dijo que "el hombre está capacitado para hacer cada vez más cosas e intervenir en la naturaleza; ahora convendría que se pregunte si debe hacerlo". Y el presidente de la Asociación Argentina de Bioética, Miguel Angel Ciuro Caldani, cree a título personal que no hay que prohibir genéricamente los avances e investigaciones sino controlar sus resultados". Porque si todo sigue así y no se evalúa con rigor cada uno de estos experimentos, aquello de "el día que los chanchos vuelen" podría ser realidad. Después de todo, ya son flúo.

FUENTE: http://www.clarin.com/diario/2007/01/19/sociedad/s-02615.htm



Fecha del artículo: 19/01/2007 | Lecturas: 364


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