| Los organismos que viven en aguas muy profundas, poseen una serie de adaptaciones que los hacen muy diferentes a sus parientes de las aguas superficiales. Los bajos niveles de luminosidad, las bajas temperaturas y las enormes presiones, han forzado a los organismos abisales a adaptarse en formas que todavía no se comprenden del todo. En particular, la ausencia de la luz solar tiene un impacto dramático para la vida en las profundidades.
En aguas superficiales, la fotosíntesis forma la base de la cadena alimenticia, siendo que las plantas y las algas utilizan la luz solar para crear la energía que luego es absorbida por las criaturas que se alimentan de ellas. Sin la luz solar, la fotosíntesis no es posible y los organismos deben usar otros medios para encontrar energía.
Las fuentes más comunes de esta energía son los respiraderos hidrotermales. Estas fisuras del lecho marino, también conocidas como fumarolas negras, expelen agua caliente y rica en minerales de la corteza terrestre, siendo colonizadas por una enorme variedad de organismos. Fueron descubiertas por primera vez en 1977, cerca de las islas Galápagos, por el submarino Alvin. Hoy en día se sabe que existen respiraderos sustentando enormes comunidades de vida, extendidas por los océanos del mundo. Alrededor de estos respiraderos, habitan 300 especies de gusanos de tubo gigantes, almejas, mejillones y otros organismos, que dependen de una bacteria especialmente adaptada, que utiliza los químicos del agua caliente de las fumarolas para sintetizar los compuestos que necesitan para crecer y reproducirse.
La ausencia de la luz solar presenta muchos otros problemas para las criaturas abisales. Encontrar comida es un problema en particular, y muchos animales tales como los peces y los calamares, poseen grandes ojos especialmente adaptados, que pueden absorber la minúscula cantidad de luz en su paso hacia las profundidades.
Los biólogos piensan que estas adaptaciones visuales, también ayudan a los animales a encontrar parejas en las vastas extensiones sin rasgos característicos de los océanos profundos. No todos los animales necesitan esta clase de ayuda –en algunas especies, tales como ciertos peces sapo, los machos son muy pequeños y han adoptado un estilo de vida parasitario, pasando sus vidas pegados permanentemente a las hembras.
Tal vez la adaptación a las profundidades marinas más conocida es la bioluminiscencia –la creación de la luz mediante órganos especiales del cuerpo. Más del 80% de las especies que viven en profundidades intermedias, pueden generar luz. La bioluminiscencia podría parecer peligrosa por su potencialidad de atraer a los depredadores, pero también podría ser usada para encandilarlos. Muchas especies de peces atraen a sus presas mediante ella, mientras que otros la utilizan para atraer a otros miembros de la misma especie.
Una cantidad de peces abisales poseen bocas enormes especialmente adaptadas, frecuentemente llenas de dientes largos y afilados, que se curvan hacia atrás en dirección a la boca. Este diseño dificulta el escape de las presas capturadas –una consideración vital en áreas donde la comida es tan escasa.
Algunas de las adaptaciones vistas en las criaturas abisales, permanecen todavía sin una explicación científica. Muchos invertebrados, especialmente los crustáceos, alcanzan un tamaño mucho mayor en aguas profundas que sus parientes más cercanos a la costa, tal vez porque de esta forma aumenta la duración de su vida, y adquieren un mayor potencial reproductivo. Los animales más grandes son también más móviles y, entonces, pueden encontrar comida en una forma más efectiva.
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